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¿Qué es la Periostitis Tibial?

Es una lesión muy común entre atletas y saltadores, afectando sobre todo a los corredores de fondo. Como su nombre indica es la inflamación del periostio de la tibia. El periostio es la membrana externa que recubre los huesos y envuelve los vasos sanguíneos y los nervios y por ello es un tejido con gran sensibilidad.

En el caso de la tibia el periostio recibe la inserción y está en contacto directo con los siguientes músculos de la pierna: gemelos, sóleo, tibial posterior, tibial anterior y músculos flexores de los dedos.

Cuando se produce una lesión o dolor en el periostio se debe, la mayoría de las veces, a la tracción que ejercen estos músculos sobre esta vaina o membrana. También puede ser muy doloroso recibir un golpe, precisamente por la gran cantidad de terminaciones nerviosas que recorren el periostio. Es normal que tras el golpe quede sensación de pérdida de sensibilidad alrededor de la zona golpeada.

Síntomas

El principal síntoma es el dolor en la cara interna de la tibia, entre la rodilla y el tobillo.

Es un dolor que comienza durante la carrera en forma de pinchazo y/o quemazón y que cada vez va a más hasta que se detiene el ejercicio. Con el reposo cesa el dolor. Es habitual el dolor por la noche, incluso con el simple roce de la sábana.

A la palpación pueden encontrase como “bolitas” inflamadas a lo largo de la tibia, denominadas “rosario perióstico”.

Normalmente se localiza en la cara interna de la espinilla y la sensación es como de tener un cardenal en dicha zona.

Causas

La principal causa es la sobresolicitación de los músculos que están en contacto con la membrana del periostio.

Lo más frecuente es que esto ocurra durante la carrera y los saltos debido a que mientras se realizan estos dos ejercicios hay momentos en los que ningún pie se encuentra apoyado. Esto hace que la recepción o el apoyo sea más violento y se le exija más y de manera más brusca tanto a las articulaciones como a los músculos encargados de frenar ese apoyo. Éste se realizará mediante contracciones excéntricas, mucho más exigentes que las concéntricas y que reclutan un mayor número de fibras musculares y “traccionan” más de las inserciones en los huesos.

Entre los factores de riesgo o desencandenantes de esta patología tenemos:

– Terreno de entrenamiento: Los terrenos duros y correr con desniveles pueden favorecer la aparición de la inflamación
– Calzado: Debe ser el adecuado para el tipo de deporte y el terreno sobre el cual entrenemos. Procurar no entrenar con zapatillas desgastadas, con poca amortiguación o con un deficiente control de la pronación.
– Traumatismos y golpes repetitivos.
– Sobrecarga de entrenamiento: Entrenar demasiadas horas o sobre terrenos inadecuados facilitan la aparición del dolor en la tibia.
– Poco tiempo dedicado a los estiramientos.
– Deficiencias anatómicas: Corredores que cargan con la punta del pie, pies planos, atletas pronadores, extremidades inferiores de diferente longitud…

Prevención

Evitar terrenos duros y con cuestas.

Revisar el estado de las zapatillas.

Incrementar la intensidad y el volumen del entrenamiento de forma progresiva.

Hacer estiramientos (sobre todo gemelo y soleo).

Valoración de la pisada y biomecánica del pie por sí fuera necesario corregirlo por un especialista.

Fortalecimiento del músculo tibial anterior mediante gomas elásticas. También es recomendable realizar ejercicios de flexión-extensión, inversión-eversión y círculos mientras se permanece en posición sentada con el tobillo elevado y caminar de puntillas y talones.

Aplicación de frío ante cualquier molestia y consultar con el médico y fisioterapeuta.

Tratamiento

Cuando aparezcan los primeros síntomas en conveniente parar el ejercicio y aplicar hielo de manera inmediata seguido de un masaje con una pomada antiinflamatoria.

Si la periostitis no es muy molesta o es pasajera, muchos corredores recurren a los calcetines o medias compresivas o bandas de esparadrapo en la zona tibial, para así tener más sujeta la zona y reducir la vibración que provoca la periostitis.

En los casos más graves es recomendable parar la práctica deportiva y recibir sesiones de fisioterapia

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